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Espacio de Luis Núñez

¿Fiebre humana o fiebre ambiental?

197315La aparición de un nuevo virus que los medios de comunicación hemos manejado, no muy correctamente, como influenza porcina, ha abierto nuevamente las heridas de un presente alarmante. Los expertos han descrito la enfermedad como una mutación cuyas caracarísicas son una especie de quinta esencia del virus de la influenza aviar, la porcina y la gripe humana.

La propagación ha sido asombrosa, el mundo lleva varios días en vilo y cada día y cada hora se reportan nuevos casos. La situación es de alarmarse, pero no de perder la cabeza. Hay que preguntarse qué está pasando en el mundo que cada vez aparecen enfermedades nuevas, nuevos virus y nuevas bacterias mucho más agresivas y más dañinas.

La emergencia no nos ha permitido comenzar a pensar en muchas cosas en las que debimos haber pensado hace algunas décadas y que tienen que ver con el planeta que estamos destruyendo en la peor de las impunidades.

A esta emergencia, por lo que veo le sucederá otra, peor. El mundo apenas se repone del susto que dejó el Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) cuando ahora nos viene otra enfermedad que se ha transmitido por todo el mundo.

Ya no creo en manos macabras que inventan virus en laboratorios para destruir a la humanidad, como en las películas de malvados. La maldad que crea estos nuevos virus es mucho peor y más criminal: somos nosotros mismos. Es decir, y me aventuro a decir, que estamos convirtiendo el planeta en un inmenso laboratorio en el que están proliferando todo tipo de nuevos formas de vidas que pueden desplazarnos sin que nos den tiempo para reaccionar.

Las Organización Mundial de la Salud (OMS) ha tomado todas las medidas necesarias para enfrentar la enfermedad, pero no lo puede hacer todo. No se trata de la histeria total, ni de enclaustrarnos en las casas, a final de cuentas más gente muere diario por efecto del calentamiento global. Ya es momento que nos detengamos, pensemos y actuemos. Algunos especialistas han señalado que la forma en cómo se ha manejado la emergencia revive las grandes pestes medievales.

Puede ser cierto, pero estas han proliferado por las condiciones en cómo los humanos han manejado el ambiente. Así de simple. El la respuesta de la naturaleza, implacable, brutal, en cualquiera de sus formas. Siendo así porqué no sospechar que nuevamente nos encontramos con esa sacudida de la madre tierra que empieza a reaccionar ¡una vez más!

La fiebre humana H1N1, tendrá una vida de unas seis semanas, según los expertos. Se irá como se fueron las grandes epidemias de la historia. ¿Pero y después? Tal vez aparece una nueva influenza bovina o equina.

Nadie ha reparado en el hecho de que la influenza surgió en México, y la ciudad que más casos reporta es nada más y nada menos que el DF, Ciudad de México, la ciudad más contaminada del mundo (o una de las más contaminadas). No se si llamarle casualidad, pero, y me perdonen los mexicanos uno de los pueblos más admirables del continente, no es fácil desprender una cosa de otra.

El sitio “Un blog verde destaca un estudio de la Universidad de Harvard que dice que “1.6 por ciento de las muertes anuales en México se deben a la contaminación”. Y no en vano muchas de las enfermedades en el DF son afecciones respiratorias.

La literatura sobre el caso de México es abundante y ofrece muchas pistas para entender cómo es que se han formado, pero también es interesante conocer más sobre otras enfermedades epidémicas como el SARS. Surgió en otra ciudad altamente contaminada y con bajos sistemas de seguridad sanitaria, como Beijing, China. Las autoridades de ese país subestimaron los datos ocultando información sobre la verdadera afectación de la enfermedad. Pero la característica es la misma, la fuerte contaminación de la ciudad cuya afectación ambiental quedó demostrada durante los juegos olímpicos del año pasado. Las fotos dicen más que las palabras.

De hecho la proliferación de unas serie de nuevas enfermedades, nuevos virus, nuevos padecimientos no tiene mayor explicación que la generada por las condiciones a las que hemos llevado el planeta. Es obvio que en la edad media el problema era más sanitario, ahora es más ambiental. En ambos casos el mal ha sido provocado por nosotros mismos, la especie humana.

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