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Espacio de Luis Núñez

El problema no es Daniel, es la oposición

nicaragua2En la década de los 80 el gobierno sandinista orientó sus esfuerzos en explicar que la razón de todos sus males era la agresión “imperialista” de Estados Unidos, a quien achacaron en todo los graves problemas estructurales que ellos mismos crearon en el afán de hacer un nuevo país, a partir de cero. Nunca en el discurso oficial hubo un reconocimiento de los propios errores.

Es el principio de que todos “mis” errores son inducidos desde afuera, sin que yo tenga una participación, al menos consciente, activa. Es decir yo no cometo errores, son los otros que los cometen. Es así que el discurso justificativo estuvo centrado siempre en las agresiones, el bloqueo impuesto de manera tardía por Estados Unidos y sus “satélites” en la región. Pero el Frente Sandinista no es el único que ha justificado sus errores a partir de achacárselos a otros. Los gobiernos conservadores lo hicieron con Zelaya, y Somoza lo hizo con los conservadores.

Las grandes derrotas siempre tienen grandes justificaciones. Hittler culpaba a sus generales de la derrota durante la Segunda Guerra Mundial, pero nunca sacó cuentas de la imposibilidad de ganar una guerra en un escenario geográficamente inmanejable como era toda Europa, la Unión Soviética y el norte de África juntas. No había ninguna posibilidad de ganar esa guerra, aunque hubiese llegado a Moscú o Londres. Gengis Kahn conuistó la mayor cantidad de territorio en el imperio más extenso de la historia, geográficamente hablando.

Ahora, Daniel Ortega ha hecho lo que le han dejado hacer. Así de sencillo. En realidad ha hecho lo que dijo que iba a hacer, desahacer el estado “neoliberal”. Aunque nunca dijo que “eliminaría” el neoliberalismo. Ahora se prepara para la reelección. Si voces desde la oposición sostienen que esto no es nada malo, porqué Daniel se va a restringir el derecho a hacerlo.

Es más Daniel está siendo fiel a su forma de ser, a sus principios, a su discurso. En este sentido es coherente, en lo personal no lo puedo acusar de otra cosa que no sea, ser fiel a sí mismo. Desde la década de los ochenta no ha cambiado. La que no tiene discurso coherente, y eso sí es alarmante, es la oposición. Ha andado dando bandazos.

Si analizamos a Daniel Ortega en la oposición y a los liberales ahora, vemos un abismo de diferencia. Aquel trabajó sistemáticáticamente durante 16 años en ir acupando cuotas de poder, hasta el punto que logró desarticular las reglas del juego, que también sistemáticamente habían impuestos los tres gobiernos sucesivos desde 1990.

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