Quantcast

Hey, Mundo

Espacio de Luis Núñez

Una provocación anunciada

1227068544259El gobierno ha entrado en un perverso juego donde el gran perdedor como siempre será el pueblo. Y por pueblo, no entiendo solo a los pobres. Ese es una etiqueta injusta que el partido en el poder ha dado como una verdad absoluta. El pueblo somos todos. Los que tienen recursos como los que no tienen, los oligarcas (incluyendo los que ahora están en el poder) como los que no tienen “un palmo de tierra”. Todos somos el pueblo.

La marcha del sábado 21 de noviembre, será el inicio de un conflicto mayor donde tanto el oficialismo como la oposición empezarán a medir fuerzas en serio, hasta las próximas elecciones presidenciales. El miedo a la represión se está perdiendo, y se irá perdiendo aún más, no de todo, pero sí gradualmente. Estas serán malas noticias para el gobierno quien ha apostado todos los recursos del país, a la ilusión de la cooperación de Hugo Chávez.

Si el se decide por la represión, perderá credibilidad, y su desgaste será mayor, si no lo hace la oposición verá una oportunidad para demostrar su fortaleza y poder de convocatoria y pondrá de relieve el descontento popular con un gobierno cada vez más impopular. De pasar esto último, que la marcha se realice tranquilamente, la próxima marcha será el doble, pues la población recibirá una señal de que puede marchar sin problemas. La marcha del 21 de noviembre, hay que reconocerlo, está signada por el temor.

Pero antes de todo esto, hay que ver los daños que generará esta actitud irresponsable del gobierno de organizar una marcha paralela, sabiendo que lo hacen bajo la consigna de que “las callas son nuestras”, es decir del Frente Orteguista. Quiero aclarar, que a partir de unos blog atrás he decidido calificar como Frente Orteguista, al partido de gobierno que quiere usurpar el nombre de “sandinista”, cuando ellos traicionaron realmente los ideales bajo los cuales nacieron. Pueden ser cualquier cosa, menos sandinistas.

Con esa premisa es difícil pensar que la marcha orteguista, no será muy pacífica que digamos. Ellos van bajo el supuesto que un grupo de “invasores” quieren utilizar “sus calles”. El empresario inevitablemente cerrará temprano, y quizás ni siquiera abrirá, sus puertas ese día. Sus trabajadores podrían perder ese día de trabajo, y en dependencia de cómo se desarrollen los acontecimientos, quizás hasta puedan perder sus puestos.

De hecho he conversado con varios amigos y conocidos y hay un ambiente, no de guerra propiamente, sino de decisión por marchar y mosgtrar que ya no hay miedo por enfrentarse a un gobierno injusto y represivo. Este es el comienzo de lo que podría ser una escalada, en contra del gobierno quien no ha sido capaz de medir las consecuencia de sus altos.

Hay muchas cosas que no ha tomado en cuenta y que sí debería hacerlo. Primero, llegaron al poder con un precario 38 por ciento de votantes. En esto hay que incluir que quizás el 50 por ciento de estos votantes, si bien son votos duro, no necesariamente debe contar con ellos para una aventura como la que está impulsando el gobierno, actualmente de reprimir a la oposición, utilizando precisamente a esos votantes. En el entendido de que se mantenga íntegro ese 38 por ciento. Es decir ellos votaron por Daniel Ortega, y ahora en lugar de agradecerles, lo que hace es obligarlos a arriesgar su integridad o quizás la vida en un conflicto en el que no ganan nada.

Segundo, la lógica del partido orteguista, es intimidar y amedrentar, en el entendido que las calles son de ellos (dicen del pueblo, pero todos sabemos que los que menos intereses tienen en ese partido es el pueblo, ellos solo representan a la nueva oligarquía, retrógrada y explotadora de nuevo cuño). Durante estos dos años, han trabajado en función de controlarlo todo, sin lograrlo. Ya no cuentan con el aparato represivo necesario, y saben que tanto en la Policía como en el Ejército Nacional, hay resistencia al estilo que quieren imponer y no se van a arriesgar creer ciegamente en el presidente. Lo que le ha quedado es mantener inmóvil a la Policía y silenciado al ejército, pero sabe que no puede contar con ellos para reprimir a la oposición. Si pudiera ya lo hubiera hecho.

En este contexto no se ha tomado en cuenta el impacto que eso va a tener ante la opinión pública internacional, y no es que todo lo tengamos que consultar con ellos, sino que se debe tomar en cuenta que todos los países del mundo dependen de la inversión extranjera, de las relaciones internacionales, y un país convulso no es una buena señal, eso lo sabe el presidente.

El partido en el poder no es el pueblo y no tiene la representación de este desde el momento que decidió gobernar únicamente para un sector, y calificar al resto, es decir a la mayoría como vendepatrias, oligargas, neoliberales, capitalistas salvajes, etc. Ahora no tiene más opción que enfrentarse a su propia creación: el rechazo popular.

Share
Etiquetas:


Comentarios con Facebook

Dejar un mensaje