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Espacio de Luis Núñez

La ilusión de la tecnología, la desaparición del libro

Luis Núñez Salmerón

La desaparición del libro es una afirmación que ya parece parte de nuestra vida diaria. La tecnología nos ha llevado más lejos de lo que imaginamos, ¿pero será capaz de hacer efectiva esta afirmación? No lo creo.

Hace poco leía, a manera de paradoja, La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges con su inleíble introducción sobre el universo, y su desenfadada prosa de filosofía cósmica, la cual a la postre recuerda la irritación de Sthpen Hawking, quien se queja amargamente precisamente de esta especie de pensadores, en su tratado vivencial Agujeros Negros y Pequeños Universos, “Quizás me muestro un tanto duro con los filósofos, pero ellos tampoco han sido muy amables conmigo”.
Eso me llevó, por esas cosas de la vida a otra pequeña novelita de H.P. Lovencraft El Abismo en el Tiempo o En la Noche de los Tiempos, la cual no sé porqué en mi computadora lo tengo etiquetado, hasta este momento en el que cambié el crédito por el correcto, como obra de Lewis Carrol, el mismo de Alicia en el País de las Maravillas, con su traumática descripción del horror en todo su sentido, un horror cósmico, un horror fuera de este mundo. Todo ello en una especie de medio maratón de lectura particular y lo que podría ser algo surrealista, todo a un click de diferencia. Sin pasar páginas, sin cargar nada entre mis manos, solo, frente a un monitor, en el que tengo archivada toda una biblioteca, de lo más variada. Tres libros diferentes, tres mundos diferentes, una sola biblioteca universal, lo cual me llevó a la ineludible reflexión de los tiempos modernos ¿desaparecerá el libro alguna vez?. La pregunta del absurdo, o una mal formulada descripción del conocimiento acumulado a través de los siglos en los libros. O quizá un triunfalismo temprano impulsado desde los escritorios de los mercadotecnistas de la tecnología.
Desaparecerá entonces Miguel de Cervantes, o Kafka, o el recién fallecido Gabriel García Márquez, o Hesse o.. o…. NO! El libro nunca desaparecerá. Los papiros desaparecieron hace siglos, los escritos en piedras quedaron en los museos, pero aún así seguimos conectados con la antigüedad, seguimos viviendo la guerra de Troya en toda su crueldad, Safo nos sigue cantando desde un rincón lejano del tiempo y Dante nos lleva por los infiernos en un viaje de retorno como ya lo había hecho Eneas en los mil y un formatos que ha tenido el libro a lo largo de la historia. Los libros no van a desaparecer nunca, lo que cambiará, como lo ha venido haciendo por siglos, es el material en el que los leemos. Papiro, pieles, piedras, papel en todos sus grosores y colores, o reproducido en una computadora, laptop o tablet, etc, leeremos lo mismo.
El Libro del Bueno Amor, lo podremos leer desde la comodidad, o incomodidad de la vida moderna. El nuevo libro que alguien publique en formato digital seguirá siendo un libro. El libro no desaparecerá nunca, pues cuando eso suceda será porque ya no quedará nadie sobre la tierra que pueda escribir un libro en cualquier formato, “la Biblioteca existe ab aeterno”, repite Borges, adelantándose los tiempos, los libros existen desde siempre y existirán siempre, o dicho en sus palabras en una interesante metáfora sobre el universo comparado como una infinita biblioteca “De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los
demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios”.
El libro es una parte intrínseca de la propia esencia humana, no desaparecerá, los agoreros de la tecnología, sin haber leído nunca un libro se apresuran anuncia, de mala manera, el fin del libro, pero no lo es, es más bien el nuevo nacimiento del libro, un renacimiento del conocimiento, reflejado en otro tipo de formato. En el formato digital. Pero podrá desaparecer la tecnología y podremos volver a las cavernas, pero el principal tesoro que el hombre guardará como único registro de su propia destrucción o prosperidad, serán sus libros, la recopilación de todo su conocimiento en el tiempo. Podremos perderlo todo menos la memoria.

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