Hace unos días el Banco Mundial presentó el informe “Desarrollo con menos carbono, respuestas latinoamericanas al desafío del climático”. Cuatro personas expusieron sus puntos de vista sobre el tema: dos representantes del banco, uno del Ministerio del Ambiente y un conocido ambientalista.
Se habló de la amenaza, de cómo está afectando ahora y cómo lo hará en el futuro, con el calentamiento global, el aumento en el nivel del mar, los glaciares derritiéndose, inundaciones, muerte de los arrecifes coralinos, etcétera.
Mi me llamó la atención la respuesta a la primera pregunta, dirigida al ambientalista: “¿qué piensa usted de la ponencia ´Una verdad incómoda`, de Al Gore?”
El hombre, que hacía un año había ocupado el cargo de vice ministro del Ambiente, el líder de los jóvenes ambientalistas de Nicaragua, el representante perfecto de la sociedad civil ambientalista nicaragüense en ese debate, sonrió tímidamente, tomó el micrófono, y le pidió al representante del Gobierno que respondiera.
No tengo idea del gesto. No, porque hoy en día Al Gore es el eslabón entre el informe Stern (la ciencia), la política y el ocio, aún cuando su film “Una verdad incómoda” no impactó en todos los cinéfilos.
Al Gore puede ser amado o rechazado, pero no conozco a ningún ambientalista que pase del “casi presidente de los Estados Unidos” sin hacer ningún gesto, como si no supiera de qué le hablan.
No fue la única vez que el ambientalista demostró su falta de interés por el tema. De hecho, su exposición no fue preparada. Al menos eso demostró el hecho de sentarse frente al micrófono y limitarse a decir consignas. “¡Sólo el pueblo salva al pueblo!”, expresó, con un tono de líder de plaza pública. ¿Qué quiso decir con eso?. Los pocos datos que expresó en medio de sus consignas, que casi tenían rimas consonantes, no parecían muy apegados a los que arrojó el Instituto Nacional Forestal esa misma semana.
Pero no es la primera vez que el ambientalista se escapa de sus “verdaderas” preocupaciones.
En 2007 fue electo como vice ministro del Ambiente tras una larga trayectoria como ambientalista. Antes de asumir, aseguró que no se cambiaba de acera, sino que lucharía desde dentro del Gobierno para hacer respetar las leyes ambientales y lograr el objetivo del desarrollo sostenible.
Un año después, el hombre no hizo ni una cosa ni la otra. Fue despedido. Su orden más célebre fue obligar a todos los trabajadores del ministerio a que se dirigieran a sus “compañer@s” con arroba, un símbolo matemático que no tiene pronunciación en el idioma español.
No termino de comprenderlo. En su exposición aseguró que es imprescindible que la gente esté informada para enfrentar el climático cuando era vice ministro, prohibió pasar información a todos los medios de comunicación, que no fueran oficialistas.
Este es el ambientalista que pasó de Al Gore. No fue la primera vez que o hizo.
Ya hablaremos sobre el informe de Banco Mundial, una institución del “capitalismo salvaje”, como diría el ambientalista, que esta vez no le dio la espalda a Al Gore.


