En plena luna llena y sesenta y cinco años, menos un día; después que a Erwin Rommel le otorgaran los diamantes de la Cruz de Caballero, don Gilberto Cuadra Vega, el hombre que mucho tiempo atrás abandonó el tradicional estrechón de mano, para sustituirlo con el irreverente saludo nazi al que acompañaba con un gutural “Heil Hitler”, partió tal como vivió. En silencio y de manera casi secreta.
Quizá así lo prefirió éste emblemático y legendario hijo de Granada. No tan antiguo como la ciudad misma; aunque una vez me aseguró que él había cortejado a doña Rafaela Herrera y Sotomayor, la heroína de El Castillo. “Fue poco antes que cayera en desgracia económica”, me dijo con un aire de seriedad que casi me hizo creerle.
Reaccioné al recordar que este tío mío, el más indio de todos los Cuadra Vega – según sus propias palabras – era el mismo que juraba que desde temprana edad había acompañado al entonces Teniente Coronel Rommel en Potsdam, justo cuando el primer dictador hacía su debut en Nicaragua. Luego le seguiría a Francia para integrarse a la Gespenster Division, y continuaría con él hasta el norte de África, Fue esa mítica relación con el Zorro del Desierto la que seguramente le impidió a don Gilberto acompañar a sus hermanos Abelardo y Manolo en las conspiraciones contra Somoza.
Pero ¿quien se fija en esos detalles tan insignificantes? Especialmente para alguien que siempre exhibió con hidalguía el paso y la pose militar propia de aquellos que han vivido la guerra, ya fuese esta en El Alamein o en la calle del mercado de Granada.
Parece que no quiso ser un Cuadra Vega. Me atrevo a pensar que fue esa humildad la que lo delataba. Si Ramiro es recordado como el hombre que al día siguiente del terremoto llevó en sus brazos, desde Tipitapa, una estatuilla del Niño Dios a la zona del desastre, y lo regañaba “para que viera la cagada que había hecho su Papa”, y Manolo gozaba de cruzar el mercado para que las locatarias gritaran “¡ahí va Manolo!”; Gilberto lucía su singular personalidad cuadraveguista desde los años anteriores al sismo del 72, cuando hacía escuchar su saludo en el corredor que formaba la antigua Avenida Roosevelt, cerca del Edificio Adela donde ejercía como abogado, a la vez que levantaba en alto su delgado brazo derecho, cabeza erguida, pies debidamente cuadrados; todo ello acompañado de una rigidez facial que hacía tiritar a un inexpugnable miembro de la Gestapo.
Su actividad literaria no fue profusa, pero aún así, existe como secreto bien guardado. Fue tal vez la aprehensión a descubrir ante el Mombacho la simpleza de su carácter que contrastaba con la imagen de hombre de hierro que proyectaba este invisible miembro del África Korps; o quizá fue el temor a ser comparado con su hermano mayor, lo que lo motivó a no escribir. Pero lo que no expresaron sus manos con la pluma y el papel, lo hicieron en el piano. No era pues, extraño, caminar por la acera de su casa y escuchar las notas que producía el paseo de sus dedos sobre el teclado, en cualquier tarde, cuando el sol se retira ya cansado.
Probablemente no lo vayan ustedes a creer, pero una madrugada, hace pocos días, llegando a Granada, procedente de Nandaime, donde había ido yo a tratar de conciliar un sueño sagrado pero furtivo; me detuve a orillas del camposanto, mismo donde descansa parte de mi pasado. Contemplé de lejos – impedido por las verjas, de metal corroído – las frías estructuras que albergan la mortalidad de esos seres queridos.
Al despedirme en dirección de Xalteva, creí que el Mombacho retumbaba con una fuerza que silenciaba la máquina diesel de mi vehículo. Pero no, era la voz de Gilberto Cuadra von Vega que exclamaba: “¡Qué viva el Führer, Jodido!”.


Yo he conocido Cuadras presidentes, estadistas, poetas, escritores, humoristas, guerrilleros, jesuitas, mèdicos, abogados, publicistas, ingenieros, militares con grado de generales, pero francamente nunca habìa sabido de un Cuadra nazi. El pariente Cuadra-Vega admirador de Hitler es una muestra de lo diversificados que somos los Cuadra.
Serìa interesante saber màs de las andanzas de este don Gilberto al lado del zorro del desierto en la batalla de El Alamein, cuando el mariscal Montgomery lo derrotò en las calientes arenas del norte de Africa.
Me encantó la historia, aunque me da la impresión de que este pariente era tan bromista y brillante como sus hermanos. Supongo, como toda una “Cuadra” que vivió alabando a Hitler como una sátira… la burlesca protesta contra las dictaduras de todos los tiempos.
Y como dice Jorge Cuadra V, los Cuadra hemos sido de todo menos nazi o dictatoriales… en nuestra sangre corre la libertad de espíritu, y como dijo Pablo Antonio Cuadra, … “somos gentes que sólo llamamos patria a la libertad.”
Norma,
Tenés toda la razón. la vida “pública” de Gilberto Cuadra Vega, fue una sátira. Considero que era su manera de expresar su oposición a las dictaduras, ya que no lo pudo hacer de una manera más “activa”.
Su admiración por Rommel, fue hacia el estratega militar, no hacia Hitler El exterminador; sino al generador de liderazgo. Hay que recordar que Rommel no militó en el partido nazi.
Gracias para ambos por sus comentarios.
Fraternos.
Hola, me es grato sumarme a los comentarios sobre el tío Gilberto, y me permito agregar el siguiente poema:
A Gilberto Cuadra Vega (In Memoriam)
Gilberto Kuadra von Wega,
estáis en Primavera,
el de la bella Granada,
el del esplendoroso Puerto Lacustre,
ahora moras en el Monte Olimpo,
que es nuestro Mombacho,
desde donde divisas la ancha Mar Dulce
y proteges a la Xalteva vibrante y aborigen.
Forjastes una vida llena de gloria y de canto,
de épicas batallas en África del Norte:
Tobruk, El Alamein ..……….
de un gran virtuosismo hercúleo,
de múltiples sueños homéricos.
Estáis allá arriba como un faro,
cuidando nuestra tierra,
cuidando nuestra Granada,
nosotros orando por tu bienestar,
y, estáis actualmente en nuestros corazones por siempre.
¡Salud!
José Adrián Cuadra Somarriba
(Managua, Marzo del 2008)
Es indudable que este caballero vio y vivio la historia escrita en las arenas del desierto junto con el gran General Rommel. La batalla tomo lugar el mes en que yo naci, octubre 1942. Yo siempre he admirado al gran general Rommel por sus razgos de liderazgo y caballerosidad. No era Nazi, ni mucho menos. Simplemente era un gran soldado. Debemos recordar que entre los generales estadounidenses, MacArthur, como ejemplo, eran unos racistas de primera. Despues de que el presidente Truman habia dado la orden de integrar a los negros amricanos en el ejercito Americano, MacArthur rehuso hacer uso de esos soldados en la guerra de Korea. Es bueno tambien recordar que durante la segunad guerra mundial , los soldados peroriqueños y Mexico-Americanos, sufrieron grandes desciminaciones cuando prestaban servicio militar. No todo es blanco y negro en la historia. Si yo hubiera tenido la oportunidad de conversar con don Gilberto Cuadra, la conversacion hubiera durado muchas horas, o tal vez, años.