Los esfuerzos desesperados del orteguismo por hacer valer su poder al acosar a los medios de comunicación masiva independientes, hostigar a los intelectuales que desafÃan su autoritarismo, y aplicar una polÃtica de terrorismo de estado hacia comentaristas y analistas polÃticos que señalan el caracter fascista del esposo de doña Rosario, demuestran -paradójicamente- su debilidad.
Algunas personas se atreverÃan a asegurar que la actual situación en Nicaragua es una copia de lo que se vivió en los años 80. La variante principal para alterar esa analogÃa serÃa el hecho de que en esta ocasión Ortega llegó al poder de manera legal. Respaldado por las leyes establecidas. Indudablemente eso no le resta méritos como lÃder totalitario.
En mayo pasado, mientras me encontraba en el estado de Virginia, leàel editorial de un diario local el cuál estaba titulado Monsieur Terror y en el que se recordaba el nacimiento de Maximiliano Robespierre uno de los artÃfices de la revolución francesa. Resaltaba el escrito, muy acertadamente, que el francés habÃa logrado convertir el terror, como sentimiento emocional, en polÃtica de Estado.
La muestra más reciente de implementación de terror polÃtico en Nicaragua traducido en debilidad, del régimen, la vimos el sábado recién pasado cuando grupos de mareros atacaron fÃsicamente a decenas de ciudadanos que pretendÃan hacer uso de sus derechos civiles y polÃticos llevando a cabo una manifestación en León.
Son ampliamente conocidas las imagenes que enseñan a los delincuentes atacando con machetes, tubos de cañerÃa y palos a ciudadanos opositores al régimen, armados únicamente con la espada de la razón y protegidos por el escudo de la verdad.En una de sus máximas más recordadas. Robespierre aseguraba que la Compasión es traición y el terror es justicia. Rápida, severa, e inflexible.
Bajo éste patrón de pensamiento, el francés y su Comité de Salvación Pública similar a los CPC criollos asesinaron a más de 40 mil ciudadanos acusados de ser contrarrevolucionarios.
En casi todas sus participaciones públicas, Ortega señala a la oposición (por cierto, timorata, esporádica y blandengue), de ser contrarrevolucionaria, oligarca y de estar integrada por agentes del imperio norteamericano.
Macabramente, la tragedia de León no deja de proveer cierto beneficio a quienes hemos venido denunciando en tarimas internacionales el verdadero sentimiento de odio que fomenta Daniel Ortega hacia la población nicaragüense.
Es curioso notar que en esta ocasión, habiendo llegado Ortega democráticamente al poder, esos organismos mundiales prestan oÃdos a nuestra denuncias y asientan sus ojos escudriñadores en Nicaragua, en comparación a la actitud pasiva y hasta permisiva que tomaron en los años 80 cuando el sátrapa asumió el poder respaldado por una revolución popular; aunque se mantuvo en él descansando en el plomo de las balas disparadas por sus matones; no por sueldo, sino por ‘deleite’ como afirmó uno de los asesinos de Pedro JoaquÃn Chamorro.
Si el Presidente se aferra a la ilusión de ser considerado como un revolucionario, es entonces la esperanza del pueblo que se convierta en realidad, más pronto que tarde, el pensamiento aquél que asegura que “las revoluciones se comen a sus crÃas’. Robespierre terminó sus dÃas vÃctima de sus propias acciones.
El mes de septiembre en Nicaragua es sinónimo de libertad y de decisiones. En septiembre nuestros antepasados declararon la independencia del dominio español. En septiembre también fue derrotado William Walker, el Invasor en 1856. En el mismo mes, muchos años después fue ultimado Anastasio Somoza GarcÃa. Repitiendo la historia, el hijo de éste, último dictador de la otra tiranÃa cayó también en septiembre.
Los nicaragüenses no somos sumisos. Eso lo demuestra la historia. Tampoco somos exigentes. Igual resulta septiembre que diciembre. Lo importante es que la revolución se coma a su Monsieur Terror. Su serpiente.


Es una verguenza observar que estamos retrocediendo en el tiempo con estas acciones del gobierno y sus adeptos que nos hacen recordar los años recien pasados de violencia y muerte, tal parece que los Orteguistas nunca van aprender a respetar el derecho de otros, ni las leyes. Solo recuerdo que: El que a hierro mata, a hierro muere y estos señores estan violentando la voluntad de nuestro pueblo, somos el 62 %, que no se olviden.