Desde que Dionisio Marenco inició su función como Alcalde de Managua, he visto con buenos ojos-al igual que muchos otros managua- su labor como tal. Esta percepción mejoró al ver que parecía interesarse más en mejorar la Capital que en hacer proselitismo.
Pero lo que lo que hizo que la “sacara del estadio”, fue el nombramiento que materializó ayer al nombrar al historiador Roberto Sánchez Ramírez, Hijo Dilecto de Managua. No tengo dudas al expresar que ese puede uno de los mejores gestos de Marenco, no sólo para los habitantes de la capital, sino para con los nicaragüenses en general.
En realidad no es difícil descubrir la labor de Roberto. El ciudadano simplemente necesita recorrer Managua. Ver los nuevos parques que se han recuperado o los que se construyen en la actualidad. Igualmente se puede admirar su gestión con el mantenimiento de las rotondas, especialmente la de la Vírgen, en la parte oriental de la ciudad.
¿Y qué tal el Parque Tiscapa? el mismo donde ahora pueden llegar jóvenes de cualquier edad a disfrutar del deporte de Kayak, sin costo alguno. También, gracias a la labor titánica de Sánchez, con el apoyo del Alcalde, los visitantes pueden caminar alrededor de la laguna gozando de la flora y escasa fauna que los pobladores del vecindario permiten.
Debo admitir que he tenido algunas discrepancias con Roberto por la óptica que algunos le dan al primer gobierno de Daniel Ortega dentro del contexto histórico. Creo que olvidó los lentes de rayos X al observar como actor e historiador esa parte de nuestro pasado reciente. Pero no lo hizo al escudriñar la gestión de los Somoza al crear, la alcaldía, el Museo Tiscapa en el que se recuerdan los tiempos nefastos que vivieron cientos de nicas en sus calabozos; aunque si se pretende ignorar el dolor que experimentaron muchos antifrentistas en esas mismas ergástulas.
Apartando lo anterior, sólo alguien con la visión de Historiador y el amor de Patriota como Sánchez Ramírez puede ser capaz de concebir e impulsar el renacimiento urbanístico-cultural que ve Managua en estos días.
No voy a exagerar insinuando que estamos a punto de comparar a Managua con París. Pero es necesario reconocer la labor de un ciudadano que por amor al arte, dejó a un lado el trabajo político-partidario, para hacer algo digno en nombre de todos.
Tuve la oportunidad de haber estado en la oficina de Roberto cuando le notificaron por teléfono que el Consejo de la Ciudad de Managua le había reconocido como Hijo Dilecto. En ese momento le expresé mi alegría de que hubiera hecho justicia. Lo mismo hago hoy. En estos dorados tiempos son pocas las personas que piensan en los demás sin teñirlos con algún color político o sin pensar en su propio beneficio.
La dedicación de éste hombre para con Managua, no conoce horario. Varias veces lo he acompañado en recorridos nocturnos que efectúa para asegurarse que todo esté marchando en orden y que los managua gozen de las obras que la municipalidad pone a la orden.
Como historiador, Roberto intenta rescatar para las nuevas generaciones la memoria de lo que fue Managua. Su dedicación y pulcritud al desempolvar los anales de la historia lo pone a la par de nuestros investigadores como Gratus Halftermeyer
Pero como lo indica la nota de LA PRENSA, lo vertical en Roberto no se limita a lo cultural. Esto también incluye su espíritu y forma de ser. Es por ello que no me sorprendí al escuchar lo declarado por Marenco sobre la renuencia del Director del Patrimonio Histórico de Managua de levantar falso testimonio contra alguien, fuese quién fuese.
Es cierto que el Alcalde entrante tendrá el derecho de cambiar su personal, pero como señala el viejo refrán: ¿Porqué reparar algo que no se ha descompuesto? Si en realidad se quiere hacer algo por la ciudad Capital, lo mejor es continuar con la labor que ha venido desempeñando Roberto Sánchez. Es el mejor regalo que el futuro Alcalde podría darle a los managua.


Me siento orgullosa de robertico jajajaja te quiero mucho roberticooooo gracias por regalarnos esto y felicidades porque yo se lo mucho que te mereces este nombre!!! arriba Nicaragua!