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Opinión

Y los buenos, ¿dónde están?

No es que desee parafrasear a Armando Manzanero con aquella canción de antaño que nos dice que “Parece que fue ayer…”, pero así es. Me parece que fue ayer cuando redactaba, apresurado, un escrito sobre la tensa negociación entre el coronel Chávez, las FARC y el gobierno colombiano; luego de haber pasado unos pocos días en calma entre familiares y amigos para recibir al infante 2008.

Desde entonces bastante agua ha corrido debajo del puente. Nicaragua en particular, tal como lo comenté en mi participación anterior, experimentó un año bastante activo con una campaña electoral impregnada de violencia y las elecciones subsiguientes que coronaron con el fraude electoral más descarado en nuestra historia. Esto sólo para mencionar un par de casos.

Eso nos motiva a seguir escribiendo, o sea seguir conversando y denunciando lo que creemos que no está bien. Es una de las maneras más civilizadas de contrarrestar al adversario en su tarea de crear caos y de sembrar la confusión. Es la guerra de  las ideas.

Este ciclo de nuestras actividad culmina hoy, únicamente para despertarse mañana revigorizado y con el acero de nuestra pluma presto a continuar el combate. Siempre incesante e implacable.

Quiero pues, cerrar éste capitulo agradeciendo a todos los amigos que con su participación contínua o esporádica y a los que respaldan o debaten mis argumentos, nos motivan a seguir. Esa particpación enriquece mis conocimientos y moldea mis convicciones.

No omito a los lectores taciturnos que leen sin parpadear. A esa mayoría silenciosa que dialoga con su dolor como animal amaestrado, resignado, pero siempre animal. Presto a rebelarse.Incluyo a los parlamentarios y políticos de carrera y aquellos que son políticos a la carrera; que antes, durante, o despues de los debates propios de su trabajo se toman el tiempo para leernos y en muchos casos, después de la lectura, aprovechan para enviar unos cuantos recuerdos a nuestro linaje materno elevado a la máxima potencia.

Igual extiendo el agradecimiento a nuestros opositores de oficio. Su presencia es igualmente bienvenida ya sea desde sus oficinas como desde sus residencias. De todas maneras, aunque lo nieguen: Muchas gracias.

Con lo anterior, es necesario reconocer los errores cometidos. Nunca adrede. Siempre en busca de la estabilidad que merecemos los nicaragüenses. Hago votos para que el tiempo transcurrido sirva para acumular las experiencias y usarlas a favor de esa misma comunidad. Pero rehuso hacer votos de castidad política porque no soy Santo.

Con todos los males y pestes que afligen a Nicaragua siempre intentamos ver la botella medio llena; no medio vacía.  No renunciamos a ella. Decía en un escrito anterior que no todos los hijos de Nicaragua son malos. Esta parece ser la incógnita del siglo. Es tan intensa esa búsqueda que lo leemos en las conversaciones de Don Gonzalo, cacique de Nicaragua, con el cronista Girolano Benzoni en 1546 (aprox).

…cuando van a la iglesia a oír misa murmuran entre si, se hieren entre si…” finalmente concluyó que los cristianos no eran buenos, y como yo le objetaba que los que hacía esas cosas eran los malos, y no los buenos, me contestó: ¿y los buenos donde están? que yo no he conocido otros salvo estos malvados”. (Nicaragua en los Cronistas de Indias. Banco de América. 1975).

Termino el año cuestionando mi propia aseveración: Y los hijos buenos ¿dónde están?.

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