Podríamos utilizar varios casos actuales para reforzar el argumento de protesta por el cierre injusto de la radioemisora La Ley, del periodista Santiago Aburto, denunciando un complot contra la libertades de prensa y expresión por parte de los gobiernos miembros del Eje.
El primero sería el de Globovisión en Venezuela, donde al Presidente Chávez se ha metido entre ceja y ceja que cerrará todo medio de prensa independiente que no le rinda pleitesía. El principal trofeo, para Chávez, es Globovisión, de quien según el coronel, se dice tiene los días contados. Nadie lo duda.
Por otro lado, en Ecuador el gobierno de Rafael Correa ha llevado a los tribunales al canal de televisión Teleamazonas con acusaciones que rayan en lo banal como es el de trasmitir eventos taurinos fuera de su horario regular, hasta el de haber descubierto y entrado a un centro de cómputos electoral clandestino. Por alguna razón eso no le gustó a Correa.
Pero desafortunadamente en nuestro país no necesitamos de ejemplos extranjeros. Embestidas contra los medios de comunicación social independientes, son casi asuntos de rutina en nuestra historia. A inicios de los años 60 grupos de somocistas atacaron las instalaciones de Radio Mundial.
El Diario LA PRENSA sufrió los ataques de las mismas turbas en múltiples ocasiones por mantener una línea editorial crítica e independiente ante el dictador Somoza. Curiosamente esa misma actitud convirtió a LA PRENSA en blanco de la furia de los totalitarios en la década de los 80, a través de malvivientes que integraban as organizaciones de masas.
Otro ejemplo ha sido Radio Corporación, la que en los años más ásperos de la lucha contra Somoza fue símbolo de la lucha misma. Esta también fue silenciada por la agresión del FSLN contra el Pueblo. Más recientemente, a manera de mensaje subliminal, su antena ha sido saboteada con la esperanza inutil, de silenciarla.
Es pues, de esperarse que quienes detentan el poder quieran silenciar a los que señalan y denuncian su proceder antipatriótico mientras asumen una posición en defensa de la población y la Constitución.
En Nicaragua forma parte de los requisitos para operar un medio de comunicación autónomo, que deba sufrir agresiones ordenadas por los que integran las estructuras de mando. A la vez, esos dan muestra clara de su ignorancia de la historia pues obvian el hecho de que las empresas víctimas siempre sobreviven. Igualmente dejan ver su ignorancia al blandir los argumentos falaces que utilizan para llevar a cabo su fechoría.
Aquellos que han intentado reprimir la libertad de prensa han terminado siendo víctimas de sus propias acciones.
Por esa misma dinámica, el gobierno está a tiempo de corregir el error. Regresar los equipos confiscados y permitir a su dueño proseguir con el proceso administrativo es el mejor remedio y el más inteligente.
“¡Sus víctimas! ¡Si pudieras contarlas! No, no podrías, arrojadas, en las eras hondas de la tiranía”. (Azarías H. Pallais)


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