Pensadores y bohemios afirman que la vida es una réplica de si misma. Que todo repite.
Sea o no una casualidad, a veces las letras o los escritos sirven para recordarnos una lección olvidada ya. Sea esto por el paso del tiempo o porque simplemente, a unos, no nos conviene recordar.
En esta ocasión, en vez de llenar este espacio con mi opinión, y tratar de exponer mi razón, me limitaré a reproducir un escrito de Manolo Cuadra publicado en el ahora extinto periódico El Gran Diario, el 1ro de Mayo de 1955.
Indudablemente Manolo usa nombres y términos propios de la época, por lo que suplico al lecto@ (uso la arroba para que no se moleste la Primera Dama), sustituir esos, por los actuales. Haciéndolo veremos que la diferencia entre lo que señalaba mi padre en 1955 y lo que vivimos en la Nicaragua actual, es mínima; ésto cuando nos están queriendo cambalachear cuatro años de tiranía por unos puestos que no valen las monedas que le tiraron a Judas.
LCW
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Los funcionarios conservadores del Gobierno del General Somoza no se resignan a dar un costalazo homérico. Ellos están buscando una caída quirúrgica, con colchón debajo. ¿Está prestándose por esta voltereta sobre redes el General Emiliano Chamorro?
El frecuentemente bien informado corresponsal de FLECHA, en Granada, asegura que el Caudillo ha ordenado a estos “funcionarios” decidirse en la controversia de si dejan o nó, los puestos, por ABANDONAR los tales puestos. Pero no RENUNCIAR a ellos. ¡Todo el bizantinismo leguleyesco aplicado al ejercicio de una burocracia vergonzante!
Porque ABANDONAR, conforme el diccionario de la impudicia prevalesciente, significaría, apenas, un levantar momentáneo de los puentes que unen artificialmente la política conservadora oposicionista con la política oficial. Levantar los puentes, para bajarlos en hora oportuna, si necesidades tácticas lo exigiesen.
Si esto es cierto, el General Chamorro está regando hormigas sobre las raices del laurel que reverdeció hace unos días junto a su lecho de preagónico. Y ese dudose rumor insistente, prolifero y deprimente, que mancomuna en tren de cordialidad la política del Caudillo con la reelección del Mandatario, se irá precisando cada día más, en todos sus detalles, hasta conformarse, en la perspectiva del momento, como una deprimente realidad: ¡El acuerdo está hecho, los Pactos vuelven!
ABANDONAR los puestos cedidos graciosamente por el General Somoza, para enseguida volver a ellos, será un capítulo de encantadora coquetería burocrática, pero será también un violento y desagradable ruido de tripas todavía insatisfechas, no obstante cuatro años de pantagruélica comensalía.
Los conservadores abandonan los puestos: PERO NO RENUNCIAN.
El que renuncia quema los barcos. El que abandona sólo arría las velas.
El enamorado que se va dejando el sombrero sobre el lecho conyugal es porque quiere volver a casa de la infiel.
La RENUNCIA significa, por el contrario, carta de divorcio “persécula”.
Abandonar, renunciar…
Ser, o no ser. Esta es la cuestión. Dar carta de divorcio o dejar el sombrero sobre la cama.
Abandono…renuncia…


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