Desconcierto y burla entre la ciudadanía ha causado en los últimos días, la actuación bufa de la oposición. Esto lo comprobamos cuando, según ellos, iban a impedir que entrara en efecto el decreto ejecutivo 03-2010 emitido por el presidente Ortega por medio del cual el mandatario intenta renovarle el contrato a los funcionarios estatales violentando lo establecido en la Constitución de la República.
Leer PDF del Decreto 2010-3 de Daniel Ortega
La intención de detener la acción autoritaria e ilegal del Monarca es aceptable, lo que resulta incomprensible, en primer lugar, es el no saber cómo pensaban hacerlo aun sin haber asegurado los votos necesarios para lograrlo.
Pero quizás no estando aun claros del papel que debían jugar como opositores, gran parte de ellos actuaron como si formaran parte de la bancada frentista al llegar tarde, o no llegar del todo, al hemiciclo para respaldar con su voto la iniciativa de declarar ilegal lo decretado por el presidente. O, como para confirmar que todo parece ser parte de una burda comedia, el presidente del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), apretó el botón electrónico por medio del cual,”por equivocación” daba su voto al FSLN .
¿Cómo explican esos diputados (la mayoría necesaria para poner en agenda la iniciativa), no estar en sus puestos? ¿Será que así como se les olvida llegar, también olvidan retirar sus cheques de pago? Está claro que se sienten cómodos en sus curules y se consideran intocables. Con esa actitud, las bancadas de oposición, en vez de ser parte de la solución, se convierten en parte del problema, pues aparte de significar una fuga de dinero para el erario, actúan contra los deseos de las mayorías. Tal displicencia ha sido documentada en el pasado por diferentes medios de comunicación.
El propio Eduardo Montealegre aceptó la semana pasada que la oposición no está actuando como tal.
Una posible solución a la desfachatez e irrespeto demostrado por muchos de los diputados, podría ser el eliminar el pago que reciben estos por hacer nada; aparte de contar chistes y navegar la red durante sus horas hábiles.
El deseo de no trabajar mucho (¿?) y recibir pago por ello, no es exclusivo de nuestros tiempos. Esto es parte de nuestro sistema desde que se fundó la república. Así lo señala Arturo Cruz Sequeira en su obra La República Conservadora al establecer que “la atracción pecuniaria que ejercía un puesto público (1840), no se descartaba a la ligera…”.
De igual manera, en aquellos tiempos, a los legisladores (18 diputados), cada uno con su respectivo suplente, la reforma a la Constitución de 1854 aprobada con el beneplácito de leoneses y granadinos, les concedía un término de cuatro años con la posibilidad de reelegirse “y sin ningún requisito de poseer bienes raices”. Aunque sí prohibía la reelección sucesiva para el Presidente.
Si bien es cierto que es necesario un golpe de timón en la presidencia de la república, es igualmente meritorio un golpe de timón en la “Cámara de los Lores”.
Nicaragua no debe ser tomada como alcancía. El abuso por parte de aquellos que laboran en el estado y para el estado, debe cesar. Desde esa óptica quizá estaríamos mejor sin Asamblea Nacional pues para hacerle daño a la nación no debe ser necesario pagar, y también para hacer nada. Eso lo hace cualquiera de nosotros, gratis.


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