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Espacio de Luis Núñez

Las grandes verdades del general

316_1219686888_humbertonichoHay gente que genera opinión no por la brillantez de sus ideas o lo documentado de las mismas, sino porque en algún momento y por simples accidentes del destino ocuparon una posición en el gobierno o en el Estado. Eso les ha dado licencia para que todo lo que digan por muy disparatado o fuera de la realidad que sea, se convierta en noticia.

El General Humberto Ortega ha sido muy hábil en ese sentido. Guarda silencio durante mucho tiempo, luego del cual vuelve con sus comentarios y se convierte en toda una celebridad repentina. Aunque si nos fijamos, nunca hace comentarios sobre el ejército o las relaciones institucionales de la entidad castrense que es lo que más domina. Salvo la última “cátedra” sobre la historia del ejército, sobre la que hay que hacer un análisis aparte. Pero no, habla de política, de lo mismo que todos habla, dicen y opina todo el mundo, aportando lo mismo que aportan dos ciudadanos que tienen tiempo de no verse y que deciden incursionar en la política en una tarde soleada o una noche de tragos. Es decir nos viene a decir lo mismo que ya todos sabemos, que hay que hacer un acuerdo nacional, que ya es tiempo de la unidad nacional, que debemos velar por la institucionalidad.

Pero ahora para ser muy honesto, tuvo luces para algo nuevo. Se retractó de lo que dijo días antes, de una manera poco elegante. Con una carta al director del Nuevo Diario.

Durante una extensa entrevista, se pronunció por la institucionalidad del país, el funcionamiento de las entidades pública, etc. Lo mismo que todos los días se le dice al gobierno. Sin embargo me quiero centrar en su última carta, pues en su doble sentido, de que digo lo que dije, pero no es lo que todos creen que dije, dijo cosas bastante claras, sin rodeos. Se trata de la reacción al discurso de su hermano Daniel Ortega, el cual al parece que apoya sin rodeos.

La carta contiene cinco puntos. Bueno cuatro con números y una introducción bastante intersante en la que el general comienza pidiéndonos que “todos debemos abonar en la búsqueda de un sólido clima de convivencia política”. Digo que es interesante por la forma en cómo redactó el resto de los acápites de su cartas, y deduzco que se refiere que todos debemos abonar en este clima, pero alrededor de la figura del presidente, su hermano Daniel Ortega.

En su carta sostiene “estar de acuerdo en todo lo que dijo el presidente Daniel Ortega en su discurso de celebración de los 30 años de la Policía Nacional, el sábado 5 de septiembre.

Veamos cada punto. El general dice en el primer punto que “Considero válido lo expresado por el presidente Ortega, en relación a que la Policía Nacional no debe ser un cuerpo de violenta represión, y que su actuación en los distintos sucesos de nuestra agitada problemática económica, social y política debe lograr poner el orden y hacer respetar la ley”

En realidad nadie pidió que se reprimiera a los CPC, para favorecer a los que estaban protestando. Ni tampoco se ha pedido a los antimotines. Lo que se cuestionó y se sigue suestionando es que la Policía no haya garantizado precisamente eso que dice Humberto Ortega que “la Policía con su alto nivel de profesionalismo y eficiencia que le caracteriza, garantice que claramente aplica la ley y asegura el orden para que cada quien goce de sus derechos sin ser estos entorpecidos por nadie”. Pero el generalapoya lo que dijo (e hizo) su hermano.

En el segundo punto de su carta todos podemos estar de acuerdo con lo que dice, pero hay un punto muy subliminal cuando afirma “considero correcto lo dicho por el presidente Ortega”, al referirse que la policía debe actuar con mano dura contra los delincuentes, criminales y el narcotráfico. En realidad si para eso fue creada la Policía, aquí y en cualquier parte del mundo ¿no es acaso para garantizar el orden interno y luchar contra la delincuencia? si para eso les dan presupuesto. Pero en un contexto donde la Policía está siendo cuestionada por su pasividad ante hechos de represión eminentemente político, da la impresión que el general está refiriéndose a los opositores como “delincuentes”.

La población ha aplaudido todos y cada uno de los golpesque la Policía ha dado al narcotráfico. Para apoyar eso no era necesario que el general perdiera tiempo resepaldando lo dicho por su hermano. A menos que la intención sea otra. A como efectivamente lo es.

En su tercer acápite nuevamente el general viene a deslumbrarno con otra gran verdad que ya todos conocemos, aquí y en todos los países del planeta “que la corrupción no se apodere de la Policía”. Lo importante de esta afirmación no es su “preocupación” de que el país caiga en manos del narcotráfico, sino, nuevamente, su apoyo a su hermano Daniel Ortega, el presidente que tenemos.

Y el final, no podíamos esperar menos “estoy de acuerdo con el señalamiento del presidente Ortega acerca de que no es legítimo pretender el derrocamiento del gobierno tal como algunos exaltados lo estimulan”, y esta es la esencia de su carta. Para comenzar, el general se refiere a “algunos exaltados”. Quienes son, no con nombre y apellidos sino que lo diga al menos como sectores políticos o sociales.

Quienes realmente se conviertieron en “exaltados” fueron ellos, hasta el 2007 cuando mantuvieron al país en un caos permanente, y son los que han estado más cerca de derrocar gobiernos. Pero su afirmación es un espaldarazo a la actitud agresiva del gobierno de reprimir a la oposición, la que ahora señala, peligrosamente, como exaltada y con ánimos de derrocar a este gobierno.

Supongo que el general no se refiere a los CPC que reprimen cualquier intento de protesta cívica, sin morteros, de la oposición. NO. Los exaltados son los reprimidos. Por ninguna parte de su carta ni de su entrevista, condena las agresiones oficiales venidas de organizaciones progubernamentales. Nos repite el gasto discurso de los ochenta y con un descaro tal que incluso los considera casi organizaciones criminales “considero que ninguna fuerza política, económica, social o espiritual debe hacerse eco de esas prédicas que generan inestabilidad y atentan en contra de la Constitución y la ley, y que también desvirtúan las protestas cívicas en el marco de la ley y la ética” ¿Cuales protestas, ¿las de los grupos de oposición?. El general obvia los atropellos a la Constitución del presidente que evocando esquemas legales supeados, legisló por decreto, que el presidente Ortega no ha sido transparente en su gestión pública, que al igual que lo hiciera la dinastía somocista ahora nos viene a imponer un nuevo modelo de enriquecimiento desde el poder, no dice nada del enorme fraude electoral de noviembre del año pasado, no dice nada de la crítica situación que atraviesa la economía nacional.

En fin, se limita a lo más fácil y divertido y lo que todo el mundo hace, la enredada crítica doctrinal y demagoga, que critica el sistema en general, sin abordar en particular los graves problemas de la sociedad que es el punto de fondo, más bien parece que cuando escribió sus artículos y su carta pensó en Lampedusa y su atopardo “hay que hacer que todo cambie para que nada cambie”.

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