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Espacio de Luis Núñez

El daño que hizo el FMI a Latinoamérica

20050214mani_anti_fmi_ecuador590En una ocasión , durante un programa de cocina por televisión, el chief recomendaba que si uno quería cocinar bien no debería hacerle caso a las recetas pues lo mejor es ser creativo y hacer sus propias recetas. Definitivamente un buen consejo. Pero el Fondo Monetario Internaional (FMI) hizo todo lo contrario.

En 1990 el gobierno de Estados Unidos, y seamos claros que fueron ellos, organizó el denominado consenso de Washington a través del Fondo Monetario Internacional en el que creo medidas estándares para todo el mundo. Algo parecido a las recetas de cocina. Todos los países tuvieron que aprender a cocinar el arroz de la misma forma.

Este denominado “consenso” de Washington, fue un conjunto de medidas planteadas por un tal John Williamson, del Institute for International Economics, durante una conferencia internacional. Allí, presentó su propuesta que no era más que un resumen de todas las medidas que establecen los libros de macroeconomía:

  1. Disciplina fiscal
  2. Reordenamiento de las prioridades del gasto público
  3. Reforma Impositiva
  4. Liberalización de las tasas de interés
  5. Una tasa de cambio competitiva
  6. Liberalización del comercio internacional (trade liberalization)
  7. Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
  8. Privatización
  9. Desregulación
  10. Derechos de propiedad

Todo a la medida de las grandes economías. Es decir lo que ellos habían hecho hace casi 200 años, y de forma gradual, ahora nos lo imponen a las economías en desarrollo de manera acelerada y peor aún se convierte en una camisa de fuerza de la que difícilmente podrían soltarse. Es la fecha y el daño que este “consenso” ha provocado es enorme.

Hay aspectos que sí son válidos y saludables, se trata de medidas que obviamente son para cualquier economía y cuyas recetas están en los manuales de macroeconomía. Por ejemplo la disciplina fiscal, el reordenamiento del gasto público, incluso las reformas impositivas en un nuevo contexto global.

Pero cada país tiene sus propias características y los tiempos del uno no necesariamente el tiempo del otro. El Fondo Monetario Internacional, mostrando una ignorancia total, empezó a aplicar todas estas medidas como si fueran los diez mandamientos, escritos en piedra.

¿Porqué hacerlo todo de una sola vez, si las economías más desarrolladas tardaron siglos en acomodarse? Fue traumático, la mayoría de países de Latinoamérica sintieron el impacto, y millones de personas fueron despedidas. Se privatizaron empresas de manera indiscriminada por el solo hecho de ser estatales, aunque fueran rentables y generaran ingresos para el país.

Todo eso no importó al FMI que más bien se hizo de la vista gorda de la enorme corrupción que eso generó, y que vio aparecer gigantescas fortunas devenidas de los procesos de privatización fraudulenta. Nuevos ricos, florecieron por todo el subcontinente y una nueva clase de ejecutivos se desplazaron por todos los países mostrando las bondades del nuevo modelo que estaba naciendo en un intento obstinado por uniformar las economías bajo un nuevo paradigma: el libre mercado y la globalización.

Las únicas empresas públicas que no pudieron ser privatizadas fueron las de servicios como agua, energía y telefonía, debido a la enorme oposición de los diferentes pueblos que denunciaron la nueva barbarie. Sin embargo algunos sucumbieron y tuvieron que mal privatizar sus servicios, a excepción del de agua potable.

Así en Nicaragua vemos que Unión Fenosa se quedó con el monopolio de la energía y la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (Enitel) fue privatizada una y otra vez por vividores profesionales que finalmente la vendieron a la empresa mexicana Claro.

Eran los tiempos en los que el gobierno de doña Violeta Barrios otorgó una ofensiva concesión a una empresa para que empezara a operar la telefonía móvil bajo condiciones increíblemente generosas para los empresarios, quienes además de ofrecer tarifas elevadísimas, cuando en el mercado internacional la tendencia era a la baja y además, en el pico de la corrupción, tenían la exclusividad para operar. Es decir nadie más podía entrar al mercado. Así si es fácil ser empresario.

Después vino la privatización de le generación de energía en la que ese mismo gobierno permitió la entrada de nuevas plantas de generación a base de búnker, es decir petróleo. Plantas de generación atrasadas tecnológicamente y que entregaban una producto caro y deficiente. Pero el gran misterio siempre fue el de los famosos contratos que firmó el gobierno y las generadoras. Qué condiciones se les dio para que operaran.

Lo peor de todo es que el gobierno nunca se preocupó por impulsar proyectos nacionales de generación alternativa. ¿Y por qué?. Simple, el FMI nunca lo permitió. No justifico al gobierno, pero hay que reconocer que al salir de una guerra civil de casi 8 años, tenía pocas opciones. Pero al menos debió intentarlo. Se fueron por lo más fácil “el FMI no quiere”, repetían una y otra vez.

En los noventa la administración de la economía se dejó en manos del FMI quien en definitiva era quien decidía lo que se podía y lo que no se podía.

Qué dejó todo esto. Nada. Servicios públicos en manos privadas, ofreciendo un servicio depredador y de pésima calidad. Cada día, cada mes, cada año justifican su ineficiencia y la falta de inversión para resolver el problema pero nunca dan muestras de resolver los problemas estructurales que tienen, ya que no invierten lo suficiente y no hay un gobierno que los obligue.

Este efecto de las políticas del FMI no justifica el enorme daño que hicieron economías como la nicaragüense, donde no permitieron el desarrollo de un modelo propio, ajustado a las características del país. No era necesario acelerar el proceso de privatización mientras no estuvieran dadas las condiciones del mercado interno, que permitiera rescatar a una clase media prácticamente extinguida. Se pudo más bien aplicar una serie de medidas que permitieran a centenares de fábricas de bienes en manos del estado, capitalizarse y luego privatizarse, ya sea a favor de empresarios responsables y reconocidos, no a aventureros que se lucraron con el erario público, o a favor de los trabajadores capacitados para enfrentar el reto.

Pero no se hizo y el FMI, y los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, mantuvieron boca en tierra al país sin dejarlo levantar la cabeza para nada. Ahora, reconocen que sus políticas fueron equivocadas. Es cierto el mundo se desarrolló aceleradamente, pero principalmente los que no hicieron lo que el FMI decía. Los buenos alumnos fueron castigados por la realidad.

En mis trabajos como periodista, he llegado a descubrir que todos los técnicos del FMI, son tan humanos como yo. Saben lo mismo o menos de lo que sabe cualquier egresado de cualquiera de nuestras universidades. Pero están en lo alto, decidiendo el futuro de millones de personas que habitamos en países empobrecidos por las injustas teorías del desarrollo que organismos como este viven experimentando, para ver cuándo la pegan. También me he dado cuenta que en todas las economías con planes FMI han sido un fracaso.

No fueron capaces por ejemplo de prever que las maravillas que un grupo de prestidigitadores de las finanzas pregonaban a los cuatro vientos, era el germen del peor de los desastres económicos que ha vivido el mundo y que los arrastró a ellos mismos en la última crisis financiera. Ahora quieren rectificar. Ya es tarde, lo único que les queda es volver a las aulas de clase y repetir, a manera de castigo, miles de veces “juro no volver a hacerlo”.

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