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Espacio de Luis Núñez

Cultura del no pago versus cultura de exoneraciones

no-pago-tarjetas-interiorEn los años ochenta se hizo muy común que cada vez que el presidente Daniel Ortega daba un discurso desde una tarima cualquiera, era para anunciar la condonación de la deuda de muchos clientes del sistema financiero nacional que en ese entonces era estatal. Así miles de deudores ni siquiera llegaban a abonar el primer pago pues confiaban que el siguiente anuncio para dar por saldada las deudas.

Al final de cuentas la medida se justificaba por la volatilidad del córdoba que de una semana a otra perdía su valor a un ritmo alucinante, mientras el sistema financiero no tenía ninguna protección ante esto. Cien dólares convertidos a córdobas, en una semana se hacían 50 y un mes después podía llegar a equivaler menos de diez.

En los años noventa con el cambio de gobierno, el sistema financiero nacional se estabilizó a su manera con la aparición de los bancos privados, acuñándose la frase de “cultura de no pago de los ochenta”. Realmente tuvo que haber todo un proceso de reconversión cultural para que los usuarios de crédito fueran lo suficientemente confiables como para ser sujetos de créditos.

Pero también a la par se creo otra cultura de la que nadie ha querido hablar y que es igual de dañina que la del no pago. La cultura de las exoneraciones. En aras del desarrollo, todas las empresas demandaban un trato fiscal especial consistente en dejar de pagar impuestos. Con esto se creó “la cultura de las exoneraciones”.

El desarrollo se lograría exonerando de impuestos a todo el mundo para que todo el mundo viniera a invertir a Nicaragua. Al final ni todo el mundo vino a invertir a Nicaragua y efectivamente todo el mundo dejó de pagar impuestos. Solo lo hacemos los asalariados, las pequeñas empresas, y unos cuan os grandes empresarios que pagan una parte de lo que deben pagar. Resultado, no somos parte de todo el mundo que no paga impuestos.

En lo ochenta, el gobierno perdía algunos millones de dólares en créditos, pues los daba en córdobas que se devaluaban a la velocidad del sonido. De forma que unos cuantos miles de dólares en créditos se convertían en unos cuantos días en millones de córdobas. No hay un dato estimado sobre lo que se perdía cada año en esa década por este motivo, pero no era una cantidad extraordinaria si se toma en cuenta la enorme distorsión de la economía y que el bajo volumen de dinero que manejaban los bancos estatales.

Pero ahora, el estado nicaragüense deja de percibir cada años entre 200 y 400 millones de dólares por efecto de las exoneraciones. Un monto que sigue siendo el secreto mejor guardado del país y por todos los gobiernos desde 1990 hasta la fecha. Y aquí es donde no entiendo a las matemáticas.

Los contribuyentes en total, según datos de la Dirección General de Ingresos (DGI) son 58, 394. De ellos sólo 1, 330 (el 2.3 por ciento) pagan el 71.1 por ciento de los ingresos totales.

Los que vamos a pagar impuestos como asalariados (creo que somos los únicos que pagamos entre el 15 y el 30 por ciento de impuestos) seremos, con la nueva propuesta 83, 089 contribuyentes. Con la actual ley los contribuyentes son 154, 112, con un techo de 50 mil córdobas anuales.

La población económicamente activa es de casi 2 millones de personas. De ellos 506 mil son asegurados. Es decir si somos 506 mil porqué solo 83 mil vamos a pagar impuestos. No entiendo, porque todos estos trabajadores están debidamente registrados.

Además según datos no oficiales en el país podrían haber entre 150 y 300 mil empresas de todos los tamaños. Este es un universo considerable. ¿Entonces porqué tenemos que ser los mismos que paguemos impuestos siempre? Hay una ley de ampliación de la base tributaria. Es una más de las que salen del parlamento.

Pero todo esto indica que algo huele mal. Desde 1991 que se abrió los bancos privados, por ejemplo estaban exentos del pago de impuesto. Tienen una gran cantidad de privilegios (están por encima de la Constitución misma) que les permiten hacer todo tipo de tropelías. Incluso cuando quiebran, salimos nosotros, los contribuyentes, a pagar los platos rotos, incluso cuando les está yendo mal como ahora, igual. Su impacto en el desarrollo, ha sido reducido pues sus créditos son comerciales, nunca han fomentado el desarrollo, no han sido capaces de sacrificar utilidades, y lo primero que hacen es repetir, que el crédito más caro es el que no se tiene. Que desfachatez.

Todavía se lucran del caso de los Certificados Negociables de Inversión, y hasta hace apenas tres años empezaron a pagar una mínima cuota de impuestos. Ellos sí están por encima de la ley, ¿Y QUÉ?

El sector turístico tiene más de 10 años de gozar de beneficios fiscales, pero las inversiones extranjeras son contadas con los dedos de las manos y la publicidad e inversiones del sector privado nacional es nulo al final de cuentas. Siempre demandan al gobierno que promocione el turismo nacional. En realidad cada quien tiene sus papeles definidos y la parte del sector privado, que debió salir de todos esos millones de dólares que se ahorraron por no pagar impuestos debieron reinvertirlo. Pero no. Cada día vemos más camionetas de lujo circulando por el país, como un reflejo de los buenos tiempos.

El crecimiento de la venta de autos de lujos ha crecido vertiginosa, a excepción de este año (es una de las pocas cosas positivas de la crisis). El gasto para la compra de automóviles nuevos en el país es la mitad del presupuesto de educación. Pero los empresarios nacionales viven en una crisis permanente. Nunca me responden cuando les pregunto sobre cuánto es la inversión nacional.

Es cierto hay que eliminar la cultura del no pago. Pero también hay que eliminar de una buena vez la cultura de las exoneraciones o la otra cultura del no pago, que por desgracia está establecida por ley.

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